Mis dedos rompen el silencio
al borde del acantilado,
a caballo entre la media luna y la pesadilla
mientras unas notas sueñan con ser mías
y algo gris me devuelve tu recuerdo,
como el canto azul de las ballenas,
casi inaudible y primigenio
y una lágrima parpadea, tímida,
ante la idea del suicidio.
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