El neón dibuja un horizonte de luciérnagas eléctricas
que se escurrren en mi habitación
como unos puntos suspensivos que palpitan,
amarillos,
a través de unos ojos demasiado estrechos.
Caigo en la cuenta de tu ausencia
cuando la línia ya no me devuelve tu susurro
y tus últimas palabras se convierten en cristal
sobre la soledad de mi almohada.
Y entonces muero hasta el amanecer
No hay comentarios:
Publicar un comentario